Una de las cosas en común que tenemos muchos aficionados a
los juegos de mesa es que, a lo largo de nuestras vidas jugonas, hemos jugado
una partida al Monopoly. Independientemente
de que actualmente muchos reneguemos del juego debido a que existen opciones
mejores, es imposible ignorar la importancia que ha tenido este juego de mesa
tan sencillo en nuestras vidas jugonas.
El Monopoly es un juego odiado por muchos, pero también de
los más jugados. La sencillez en este juego llega hasta tal punto que muchas
personas juegan sin aplicar las reglas al completo y no tienen ningún problema
en la partida. Cada uno en su casa juega a su manera y las partidas al Monopoly
dan buena cuenta de ello. Además de la sencillez, encontrar diferentes
versiones del mismo facilita que siempre haya una copia en casa.
Una copia de Monopoly para cada ocasión
¿Qué eres fan del Zelda? Hay un Monopoly para la ocasión. Lo
mismo para Pokemon, Star Wars, Harry Potter, Dungeons and Dragons, Super Mario…
y así hasta una innumerable cantidad de franquicias que han adaptado su
temática al particular estilo de juego.
Guste más o guste menos, Monopoly es un juego de mesa que
forma parte de nuestra cultura. Sus calles, los hoteles, las hipotecas… Todos estos
elementos forman parte del imaginario colectivo de muchas generaciones y, para
acercarse a la actual, ahora todo se encuentra en formato digital.
No en vano el videojuego Monopoly Go es uno de los que más
dinero genera en todo internet con cifras que ya les gustaría a muchos de los
grandes títulos. A pesar de que a día de hoy difícilmente jugaría una partida
de Monopoly, no vería con malos ojos el comprar una copia de una edición que me
guste o incluso regalarla. De todas formas, me he criado con un Monopoly en
casa y siempre queda algo de nostalgia.
Partidas que se recuerdan durante años
A pesar de las críticas que pueda tener el juego en cuestión
de temáticas, hay una cosa que hace especialmente bien, generar recuerdos.
Todos tenemos alguna historia relacionada con alguna
partida. Desde el amigo que se gastaba todo el dinero antes de finalizar la primera
vuelta, hasta el que siempre quería comprar las estaciones o tenía la suerte de
comprar las mejores calles.
Tal vez el encanto del Monopoly resida también en que cada
casa parece tener sus propias reglas. Esto también es bastante fácil que suceda
porque, por el motivo que sea, las instrucciones acababan perdiéndose con el
paso de los años y las reglas pasaban a convertirse en una leyenda popular.
Monopoly puede gustarnos más o menos, pero forma parte de
nuestro pasado jugón. Fueron mis primeras tiradas de dados, de las primeras
cartas de evento, experiencias imborrables alrededor de un tablero cuando éramos
pequeños. Un guiño al pasado con tan solo ver esas casitas rojas y verdes que
te emocionaban cuando tus amigos caían en tus calles.

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